‘Pirates of Silicon Valley’ sugiere dos mundos iguales en el fondo pero radicalmente distintos en las formas y las maneras. La innovación, la creación, el ansia de dar con la tecla exacta en el momento preciso. Son características del mundo de la informática que en la película vemos reflejados en distintos estadios.
En un primer momento, las sensaciones que dominan son la ilusión, las ganas, el deseo de aprovechar una nueva oportunidad, una puerta que se abre al mundo en esos precisos instantes. Pero más tarde, cuando esos sueños ya se han cumplido hace tiempo, pero las necesidades de innovación y creación son las mismas por exigencias del dinero y de la sociedad, la ilusión se torna en ansia, crispación, tensión y competición malsana.
La película me evoca cierta sensación de impotencia. Impotencia porque lo que triunfe lo haga fruto del dinero y no del talento, lo cual queda recogido expresamente en una de las últimas frases de la película, cuando Steve Jobs le dice a Bill Gates que ellos son mejores y Bill responde que “eso no importa”. Las traiciones, robos, copias, plagios…dan la sensación, muy real posiblemente, de que a altos niveles el negocio de la informática es una simple mafia en la que el usuario es sacrificado a cambio de un puñado de dólares que caen en tu bolsillo en lugar de en el de otro.
En cualquier caso, la mayor, digámoslo así, conclusión que extraigo es que en el mundo empresarial, nada es casual, pocas cosas son lo que parecen y menos aún llevan detrás simple buena voluntad.